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Fichajes

La ley obliga a registrar la jornada de cada trabajador y a conservar ese registro durante cuatro años. Una hoja de cálculo no aguanta una inspección: no deja rastro de quién cambió qué ni cuándo.


Fichar tiene que ser lo más simple de la app

La pantalla de uso diario es una sola: el estado actual y un botón grande de entrada o salida. El botón se bloquea mientras la petición está en vuelo, para que un doble clic no genere un doble fichaje, y el estado solo cambia cuando el servidor confirma. Nunca se muestra un resultado optimista: es un registro laboral, no puede mentir.

Tres alertas que se calculan solas

Cada día laborable se revisa por triplicado: falta de fichaje, exceso sobre las horas previstas para ese día de la semana, y tramo continuo por encima del máximo legal sin descanso. Son independientes y pueden coincidir en el mismo día. Las horas esperadas se configuran por periodos, así que una jornada de verano reducida es un periodo más, no una excepción a mano.

Un rastro de auditoría que no se puede perder

Cada alta y cada edición quedan registradas por un disparador de la propia base de datos, dentro de la misma transacción que el cambio. Si la auditoría no se puede escribir, el fichaje tampoco se guarda — no existe la posibilidad de un cambio sin rastro. Guarda quién, cuándo y por qué, porque ante una inspección hay que poder justificar cualquier corrección retroactiva.

Los festivos se mantienen solos

Un proceso semanal sincroniza los festivos nacionales, regionales y locales desde el portal de datos abiertos de la Comunidad de Madrid. Nunca pisa los que se han introducido a mano: la automatización es una comodidad, no la única forma de meter un festivo. Si la fuente externa cambia, salta una alarma y el administrador sigue pudiendo trabajar.